Voces de consultorio
- Silvia Reyes
- 8 ago 2018
- 7 min de lectura
En un taller que organizamos al final de la maestría, como actividad inicial les pedimos a los asistentes que se presentaran junto con un objeto personal que tuvieran a la mano y que los representara de alguna manera. Cuando tocó mi turno, yo recuerdo que dije algo así como: “soy Silvia y estos son mis tenis que cargo siempre en la mochila porque me gusta caminar cómodamente, y éstas mi libreta y pluma, porque quiero recordar buenas ideas cuando se presenten”. Cuando dije estas palabras no me di cuenta de que la elección de ambos objetos hacían referencia al movimiento, pues desde entonces mis tenis me han permitido caminar nuevos lugares y mi colección de libretas me han permitido caminar nuevas ideas.
En apariencia, en el consultorio hay de todo menos movimiento, pues somos dos o más personas arrellanadas en nuestros asientos viéndonos dizque fijamente unas a las otras y apalabrando historias a veces pesadas como piedras, atoradas en el pasado o con renuencia al cambio. Pero ojo, esa es la primera capa de la cebolla, ya que justo esta obsesión que tengo por llevar registro de lo que me vuela la cabeza, también me permite apreciar lo que sucede en las conversaciones terapéuticas desde la metáfora del tránsito. Hoy quiero compartirles a ustedes desde las voces textuales de mis consultantes algunas de sus frases más demoledoras; llenas de puentes comunicantes entre lo individual, lo familiar y lo social, con baches pasajeros de todos los tamaños y hoyos tapados a veces de forma improvisada, un par de glorietas que los han hecho dar vueltas en círculos en el mismo lugar y, por supuesto, señalamientos de alerta, semáforos en verde, cuestionamientos a los reglamentos absurdos y los efectos que provocan en ellos las sanciones en caso de no cumplir estos últimos al pie de la letra.
Es curioso cómo ellos parece que ni se dan cuenta que mientras hacen terapia también hacen poesía y crítica social. Sin más, los dejo con este desfile generado por adolescentes y adultos, reflexiones que ya morían de ganas por salir de mi consultorio.

Ilustración por Liudas Barkauskas
“Yo tengo el mal de Marty McFly. ‘¿Cómo me llamaste? A mí nadie me llama ga-lli-na’.
Ese mismo efecto me provoca cuando alguien me dice que no puedo hacer o conseguir algo, o que no voy a lograr ser alguien. No lo soporto, me enfurece y me enfoco en demostrarles que estaban equivocados”.
“Si nos rendimos cuando las cosas se ponen pesadas nunca tendremos nada que valga la pena”.
“¿Por qué dejar que siempre me gane el corazón, los sentimientos? ¿Por qué voy a seguir basando mis decisiones en lo que las demás personas quieren? Ellos están haciendo algo por su vida y no se van a detener en hacer algo para la mía”.
“Si te tomas todo muy en serio no podrás disfrutar las cosas que te pueden llenar de otras maneras”.
“El tiempo pasa, las cosas suceden, las cosas se van, nos hacemos viejos, la muerte se hace más real, la sensación de urgencia te viene como ráfaga y te recrimina por todo lo que no has hecho teniendo la oportunidad”.
“Quiero que me quieran, sentirme amada, cuidada, protegida y admirada. Me había resignado a que esas cosas le pasan a las otras mujeres y esto es lo que me tocó a mí, vivir de esta manera sin saber lo que se siente ser extrañada por tu pareja cuando te vas, ser deseada de forma apasionada”.
“En el momento en que identificas que un lugar no es tu sitio, vuela. Permítete ser libre”.
“Si sólo quieres sexo, eso no es lo que yo quiero para mí. Si sólo volviste a mí porque yo era la que resolvía todos tus pedos, eso no es lo que yo quiero para mí. Yo no estoy dispuesta a amores temporales. Si me quisiste en algún momento te voy a pedir que ya no me busques”.
“Una casa necesita mantenimiento, si uno simplemente deja caer las cosas cuesta mucho más trabajo levantarlas y ponerle arreglo”.
“Siento que la casa se está apoderando de mí. Me siento como la Bestia que tiene que encerrarse en su castillo y no tiene ánimos de salir”.
“Si estás centrado, no te puedes quebrar”.
“Debes tener cuidado con lo que pides. Me doy cuenta de que mi relación no es más que un rompecabezas en donde cada quien se lleva sus piezas y juntos no armamos nada. Yo ya no espero nada de ella, nada de nosotros. Y está bien”.
“Yo no puedo con esto. Yo no quiero esto. Me siento una mala persona por no poder ser una buena persona con mi mamá”.
“Hay veces en que tienes que luchar contra ti mismo para sobrepasar lo que la otra persona quiere despertar en ti y no seguirle el juego en la ira, en la cruda moral, en esa sensación de injusticia”.
“La desigualdad, la injusticia me provoca enojo. El ver cómo alguien más crece y yo me quedo en el mismo lugar o peor me provoca envidia que muerde mi corazón”. “Es fácil que la desesperanza se cuele por tus pies: 1, 2, 3 toques… es como si fuera de cristal, pasan las miradas a través de mí. Ya no puedo más”.
“Siento como si me hubieran tirado una bomba hace medio año y apenas hoy tronó. Me quedé callada. Tan mal me siento, como si yo fuera un monstruo que no se da cuenta de que hiere a los demás”. Al final de la sesión: “Yo no soy un monstruo como me dije ayer, y si no lo soy no voy a permitir que alguien más me lo diga, no voy a permitirme otra vez no poder hablar, no poder expresarme”.

Ilustración de Kathrin Honesta
“Para poder someter a alguien tienes que empezar por descalificarlo”.
“¿Qué es lo que me mantiene anclado a seguir vivo hoy a pesar de todas las cosas horrendas que he vivido?”.
“Lo he ensayado tantas veces en mi cabeza que cuando llegue el momento no sé qué haré, si estaré dispuesta siquiera a apegarme a ese libreto que he leído hasta ahora”. “Todo mundo me dijo que era muy listo y que en consecuencia tenía que lograr grandes cosas. Todos pusieron muchas expectativas en mí, se supone que debí ser extraordinario y al final resulta que sólo soy bueno en matemáticas y en entender instructivos”.
“Lo que tocamos es morona, se acaba, se termina. Yo quiero ser para cuando ya no estemos, ¿qué voy a dejar en mi comunidad?, ¿cuál será el rastro que deje en este mundo?”.
“Cuando yo ya decidía qué era lo que quería escuchar, cómo me quería vestir, cómo quería actuar, mi papá me decía: ‘por ahí no va la cosa, tú tienes que ir por acá, las cosas no van por allá’. Me dijo algo muy intenso: ‘yo quiero que seas feliz a mi manera', 'tú tienes que reír, ser feliz, y estar alegre con una sonrisa todo el tiempo’. Sentí un rechazo de quién era yo”.
“No es lo que hago, sino la búsqueda que hago con este atuendo. Tener visibilidad”.
“Las hijas de ahora ya no se dejan, ahora han vuelto como castigadoras de sí mismas”.
“Espero que nos perdamos el miedo a hablar”.
“Si esperamos a tener los pelos de la mula en la mano para decir que es parda, nunca podremos decir nada”.
“La suerte es como la muerte: en cualquier momento se aparece”.
“¿De dónde saco mis ‘innegociables’? Ese terreno que no estoy dispuesta a ceder. ¿De dónde se aprenden?, ¿a quién se los compré?”.
“El rechazo obsesiona, la indiferencia mata. No puedo simplemente adaptarme a un mundo que intenta devorarme”.
“Aprendimos a tener una paz barata. Una en donde evado, no digo, no cuestiono y hago como que hago. Yo no quiero cualquier paz, quiero una paz que me permita acceder a la justicia, a una vida digna y equitativa. La armonía basada en la mentira es imposible”.
“Si alguien desaparece y no es nadie, ¿quién desaparece? No dejemos que nos arranquen de las vidas de nadie, debemos apostar por la existencia”. (Sobre desapariciones forzadas y feminicidios en el país).
“Ya cuando uno se empieza a despegar, algo se está moviendo”.
“Esposa: No has respondido lo que te preguntó la doctora, '¿quién soy yo para ti?', ¿qué lugar tengo en tu vida?'
Esposo dirigiéndose a mí: ¿tú me hiciste esas preguntas?
Yo: Yo no. Ella sí.
Esposo: Es que, ¿qué onda con su corazón?”.
“Siempre quiero ser el más relevante en la vida de los demás, yo debo ser el más chingón. Y me siento egoísta porque es como si le recriminara a todas mis novias: “¿por qué no te esperaste a hacer todas estas cosas hasta que llegara yo a tu vida?”.
“No hay peor olvido que lo que se recuerda constantemente”.
“Es más fácil relacionarse con los muertos que con los vivos. Si quieres puedes seguir peleándote con ellos, pero ya no tendrás una respuesta”.

Ilustración de Xuan Loc Xuan
“Quiero que me consueles pero sé que no lo vas a hacer, porque el mundo está podrido y el consuelo no es posible”.
"Mi yo sensible le tiene un poco de rencor a mi yo ruda, porque la ruda le ha hecho pensar a los demás que ni siquiera existe la que llora por todo, la que llora cuando se siente triste, la que llora cuando se siente enojada, la que llora cuando alguien muere en una película, la que llora cuando los demás lloran".
"¿Y qué voy a hacer y por dónde empiezo? Si mi plan de vida era estar con él".
“¿Por qué cuando nos preguntan si somos libres tenemos la compulsión por argumentar con las palabras de otros?, ¿citar a alguien que me dé el 'permiso’ si me puedo decir libre o no? Eso se llama esclavismo intelectual: anteponer las palabras de los otros a la propia”.
“Como todo buen pendejo, cree que sólo él tiene la razón”.
"Él está en un ego muy fuerte que no me permite hablarle desde el fondo de mi corazón".
"Esta relación fue como un ladrón que llega a tu casa y se roba lo bueno y te deja lo que ya no necesita. A mí me tocó tirar la basura y ordenar lo caído". “La militarización social produce militarización de la mente”.
“El bienestar es colectivo, no personal”.
"Tomo decisiones que me permitan dormir por las noches y por las que la vale la pena luchar".
"El amor es una de mis fortalezas, no de mis debilidades".
"Agradezco el dolor y la oferta que me ha hecho: empezar a sanarme desde adentro".
“Hoy me toca aprender a vivir en mis profundidades sin hundirme en ellas”.

Ilustración de Daehyum Kim



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