top of page

Osōji: el arte japonés de cerrar ciclos

  • Silvia Reyes
  • 7 feb 2019
  • 5 min de lectura

El ritmo cada vez más exigente con el que vivimos ha hecho del estar demasiado ocupados un estilo de vida, pues si no lidiamos con el desesperante tráfico de la ciudad, estamos saltando de actividad en actividad tratando de llenar todos los huecos de la agenda en función de ser más productivos.

Sin embargo, lo cierto es que la energía no nos da para lograr todo lo que nos proponemos y a menudo terminamos descartando las cosas menos urgentes o visibles (aparentemente): como el prestar atención a nosotros mismos y a los espacios que habitamos.

El día de hoy quiero platicarles sobre un ritual de año nuevo que practican los japoneses llamado ōsōji (大掃除) o ‘gran limpieza’, el cual consiste en que de dos a tres semanas antes de que termine el año hacen una limpieza concienzuda de los espacios cotidianos, como son las casas, las escuelas, los trabajos, los templos y las calles. Este ritual en esencia simboliza el cierre de ciclos, por lo que para empezar el año de buena manera también se contempla el ordenar las finanzas y saldar las cuentas pendientes que se tengan con las demás personas.

En la cultura japonesa se tiene un gran aprecio por el entorno y se piensa que no sólo los seres vivos merecen ser tratados con cuidado, sino que los objetos también son dignos de respeto. Así, cuando se hace una limpieza a profundidad de cada rincón y cada cosa se pone en su lugar, también se está limpiando, purificando y bendiciendo el interior de cada uno para dar espacio a que nuevas cosas sucedan.

En este sentido, les cuento que en noviembre del año pasado tuve la oportunidad de visitar este país y me quedé realmente sorprendida por el cuidado que tienen en cada cosa que hacen. De manera que al volver me vi inspirada en mexicanizar un poco su filosofía y empecé a poner en práctica este exigente ritual decembrino en mi propia casa. -_-¨

El punto es cuando empecé esta labor hormiga, literalmente me subí a una montaña rusa emocional: pasé del entusiasmo al enojo y la frustración en un minuto, porque no podía creer cómo habíamos dejado que las cosas simplemente se acumularan sin importarnos un poco.

Fue justo en ese proceso cuando di cuenta que la casa estaba gritando que nos habíamos atascado en el pasado y no le dábamos chance a que los cambios sucedieran. ¡Ouch!

Primer paso: acepta tu caos

Para esas mismas fechas Netflix estrenó la serie “Tidying Up” con la gurú japonesa del orden, Marie Kondo, quien proporciona instrucciones claras sobre cómo almacenar todas tus pertenencias de manera que sean fácilmente accesibles y difíciles de desordenar. Y vamos, la mujer tiene razón, ¡sí funciona su método de doblar la ropa!

Al inicio sentí que este programa me había caído del cielo para darle un shot de energía a mi proyecto, me encantó eso de sentir y hablarle a la casa, agradecerle su protección y el que sirviera como ese lugar al que la familia siempre puede llegar. También me pareció lindísima la idea de tomar cada objeto y agradecerle la función particular que ha tenido en la vida de cada quien, para después quedarnos únicamente con aquellos que nos despierten felicidad, de lo contrario: ¡a donarlos o a tirarlos!

Sin embargo, cada capítulo no sólo se empeña en mostrar la eficacia del método KonMari, sino que también visibiliza la desigualdad de género que prevalece en la repartición de las tareas domésticas, pues la responsabilidad de mantener la casa bonita, limpia y ordenada es atribuida principalmente a la mujer.

Como un breve paréntesis, tenemos los ejemplos de la mamá que se siente culpable porque sus hijos duermen en cuartos desordenados; el esposo que no pierde oportunidad en demandarle a su esposa que al llegar de la chamba cuide bien a los chamacos, lave la ropa rapidito y con una sonrisa en la boca; y la familia que convierte en chiste local el que sólo la mamá sepa en dónde se encuentra qué cosa de cada quién.

De este modo, podemos apreciar que el desorden del hogar no sólo expone cómo andamos emocionalmente, sino que también visibiliza las relaciones que mantenemos con la familia; quiénes participan y de qué manera, quiénes no y quién termina haciendo el trabajo por ellos.

A lo largo del capítulo, Marie consigue involucrar a toda la familia en el cuidado del hogar sin distinción de género o edad, y vemos que tanto niños como adultos tienen una facilidad abrumadora para hacer de sus cuartos auténticos campos de guerra.

Segundo paso: deshazte de lo que no necesitas

Ilustración de Francesco Bongiorni

A lo largo de nuestra vida, muchas personas atesoramos una cantidad absurda de objetos pensando que van a tener siempre el mismo significado o que su vida útil será capaz de soportar cualquier embate del tiempo. Sin embargo, a medida que pasan los años nuestras preferencias y medidas cambian, de modo que lo que va quedando en desuso lo dejamos empolvándose en el último confín de la casa. Olvidando, incluso, su existencia.

Sólo cuando nos preguntamos por qué nos cuesta tanto trabajo deshacernos de las cosas, es que el apego y otras trampas del pensamiento entran a escena. Las cosas nos parecen más valiosas simplemente porque son nuestras.

Perdemos la cabeza con la sola idea de deshacernos de algo que nos costó dinero en el pasado, porque parece un desperdicio no usar algo en lo que uno ha invertido recursos. En otros casos, la mayoría de nuestras cosas se quedan simplemente porque no podemos pensar en una buena razón para deshacernos de ellas. Otras tantas veces, sacamos la bola de cristal y hacemos conjeturas sobre el futuro de cómo nos vuelven a quedar los jeans pasados de moda de la uni, o cómo algún día podremos encontrarle sabor a ese libro que apenas y podemos pasar la página sin dormirnos. Estas predicciones optimistas del tipo “por si acaso” evitan que las personas nos deshagamos de las cosas que sabemos que no volveremos a necesitar.

Mi terapeuta solía decirme que la memoria está en los objetos, pues estos son portadores de un mensaje de significación identitaria y es a partir de ellos como concretamos nuestra producción simbólica.

Guardamos cosas porque son un testimonio de eso que fuimos o quisimos ser, porque odiamos pensar que si no las tenemos de alguna manera estaríamos borrando las huellas pisadas, las fechas y las personas que marcaron nuestra vida. Porque, de ese modo, suponemos que estaríamos renunciando a un pedacito de todo eso que significa ser nosotros.

Almacenamos cosas que pueden estirarnos una sonrisa con la misma facilidad que otras pueden robarnos paz mental cada que abrimos el armario, como esos jeans que pueden convertirse en un fantasma que no nos permite avanzar a otra cosa.

Y si bien los objetos nos ayudan a recordar, no olvidemos las sabias palabras de Tyler Durden en el Club de la Pelea: “no somos nuestras cosas”.

Tercer paso: renueva tu mente

Ilustración de Dribbble

Los japoneses tienen razón, si tenemos la casa llena de cosas en desuso, estorbosas, sucias o deterioradas, no dejamos sitio para que las cosas nuevas entren; eso mismo sucede con la mente, si la tenemos revuelta de pensamientos obsesivo o vivimos atorados en el pasado, no nos permitimos sanar el malestar ni cultivar nuevas experiencias en el presente.

Finalmente, todos necesitamos un lugar donde podamos relajarnos y descansar, y cuando hay caos por doquier, no podemos hacerlo.

Si sientes que cosas sin importancia se están apoderando de tu vida, pregúntate lo siguiente:

  • ¿Qué te está robando el desorden?

  • ¿A qué cosas les estás dando espacio en tu vida y qué cosas se están quedando sin un lugar?

  • ¿A qué le estarías dedicando tu energía si tuvieras la mente más ordenada?

Te invito a que realices el ritual terapéutico de limpieza independientemente del mes en el que te encuentres. Y mientras pones en orden tu casa, también ven a terapia, juntos podremos depurar tus ideas y encontrarle un lugar a lo que es importante para ti en el presente.

Si te pareció útil este artículo, ayúdame a compartirlo con tus contactos.

 
 
 

Comentarios


bottom of page